Aprobar USD 240 millones de dinero público en apenas tres minutos, un domingo por la noche y bajo la cómoda figura de régimen especial, no es eficiencia administrativa; es un negocio exprés montado a la carrera para dejar amarrado el billete. Desde el Ministerio de Salud se ejecutó la jugada perfecta para convertir a la CNT en una simple ventanilla de fachada y transferir esos millonarios recursos a la firma extranjera Dedalus, saltándose cualquier licitación y el control público. El gobierno de Noboa no hace más que repetir la misma receta mafiosa de contratos a la carta que ya le conocemos en escándalos como HealthBird o Progen: inventarse contrataciones multimillonarias a dedo y a espaldas de la gente, mientras la red de salud y la infraestructura del Estado se desmoronan a pedazos.
El verdadero escándalo no sóo está en cómo triangulan los fondos, sino en el desprecio absoluto por las prioridades del país. El problema no es la tecnología, sino que resulta criminal que el régimen infle un presupuesto de USD 117 a USD 240 millones por 8 años para un software de citas prometiendo soluciones en “dos semanas” mientras los hospitales públicos están en la ruina total. La realidad es que no hay medicinas ni para enfermos catastróficos, las dializadoras suspenden atenciones porque el Estado no les paga, las ambulancias permanecen botadas en los parqueaderos sin repuestos ni mantenimiento, y el personal médico sigue sufriendo despidos. Gastan fortunas en un sistema digital al servicio del negociado, pero a las familias ecuatorianas las dejan morir en los pasillos de hospitales colapsados por abandono total.
Aquí no hay misterio: los recursos del Estado no se usan para salvar vidas, sino para alimentar la caja chica de grupos privileged. La salud pública dejó de ser un derecho garantizado para convertirse en un botín financiero de la administración de Noboa, donde la ambición de unos pocos vale más que la vida de millones de ecuatorianos. Mientras el pueblo sufre el desabastecimiento y el colapso de los servicios esenciales, en el gobierno solo se preocupan por seguir asegurándose contratos a la medida. El país no está quebrado por falta de recursos; está saqueado por prioridades miserables.
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