DR. EN C. ARMANDO ARÉVALO HERNÁNDEZ
Algunos cronistas escribieron sus opiniones respecto a Nuño Beltrán de Guzmán, inclusive lo llegan a defender, por ejemplo el escritor Dorantes de Carranza que escribió sobre nuestro personaje en el año de 1604 dice:
“Fue Gobernador de México, del Pánuco y de la Nueva Galicia o Xalisco, tuvo persecuciones, tanto émulos y envidiosos le llevaron a la desgracia ante su rey, a prisiones, con que le afligieron y se vengaron sus enemigos”.
Esta definición dada por Dorantes de Carranza respecto a Nuño, parece ser más ecuánime y objetiva que la vertida por el padre Fray Antonio Tello, 50 años más tarde.
La obra de Fray Antonio Tello, conocida como Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco, en el libro II, Volumen I, publicado por el Gobierno del Estado de Jalisco y la Universidad de Guadalajara, tiene varios capítulos dedicados a las hazañas y crueldades realizadas por Nuño Beltrán de Guzmán. En opinión de Don Jorge Palomino y Cañedo, Fray Antonio Tello se esmera en sus escritos para denigrar y minimizar la conducta de Nuño; según el Sr. Palomino y Cañedo, el padre Tello realizó esto con la intención de cobrar venganza y guiado por la animadversión que sentía hacia Nuño, por la mala conducta que Don Nuño tuvo para el franciscano obispo Juan de Zumárraga, que como ya habíamos visto era incondicional de Cortés, por lo cual hablaba muy mal de Don Nuño con los reyes, los franciscanos y con toda gente, y aunque de Zumárraga a Tello ya habían pasado 100 años, Tello se dejó guiar por ese resentimiento que los franciscanos tenían contra Nuño o, dicho en otra forma, contra la fobia hacia Don Nuño por la orden de los hijos de San Francisco en México.
En la novela que ya citamos anteriormente de Don Herminio Martínez, pone en boca del propio Nuño lo siguiente:
“Cuanto me joroban estos oradores cara de sapos (refiriéndose a los franciscanos), con las porfías y diferencias que hacen de mí; hablan de las ceguedades de mis actos y dicen que mis actos son propios del maligno. ¡Bah!, y que la vanidad y enorme arrogancia que ven en mis gentes viene tolerada por mí; me acusan dizque porque vanidad y pasatiempo es lo que me sobra para el ocio y el delito. ¡Vamos, que vengan ellos! Fray Juan de Zumárraga y sus teólogos desquiciantes a darme sus sermones agriados de reprobaciones; han regañado a Palmarín, Amadís, Galoar, y sin embargo lograron éxitos; así haré yo. A Fray Juan me lo paso por donde ya saben; muy poco me queda por hacer aquí en México Tenochtitlan, sino sólo pelear con Fray Juan, quien ahora ha dado en la flor de hacer campaña entre mi gente, para que no me acompañen, aconsejándoles que cuando yo duerma me quiten la vida”.
Estudiar sobre la vida de Don Nuño es caer en el ámbito de la controversia histórica, debido a que la historia la hacen los vencedores. Tenemos que siempre la historia es realmente manipulada; por eso un verdadero historiador debe ver y consultar todas las fuentes, de corrientes contrarias y de corrientes en pro. No hay que olvidar que los intereses, emociones, partidismos, afectos, empatías, simpatías, odios y resentimientos tienen gran connotación en el historiador que no es de mente abierta para ver cuál fue la realidad que vivió el personaje en cuestión.
En México, para conocer algo de la historia del Occidente, se consulta mucho al padre Tello, pero muchos historiadores cometen el error de creer como dogmas de fe lo que el padre Tello plasma en sus escritos sobre la conquista del Occidente de nuestro país, en otras palabras, de nuestros terruños. Es menester elaborar un juicio más equilibrado sobre la historia de nuestros personajes.
Debe quedar bien claro que no estamos negando que Nuño haya realizado actos horripilantes o bárbaros, sino más bien estamos postulando que esa fue la conducta de todos los conquistadores españoles que vinieron a estas tierras; hablemos de Cortés, de Pedro de Alvarado, de Diego Velázquez, Diego Ordaz, Alaminos, Montejo, Aguilar, Nortes, Nuño, etc.; todos vinieron con la espada desenvainada, presta a ser enterrada en los aborígenes si no se dejaban esclavizar, si no se humillaban ante la Corona o eran vilipendiados, a tal grado que los aborígenes fueron considerados como “meros animales sin alma” por algunos de los encomenderos.
Nuño fue solamente uno más de estos conquistadores, crueles y despiadados, por lo que podemos afirmar que no fue ni el más bueno ni el más malo de los conquistadores, sino fue cruel como todos; esto es, conseguir el metal dorado, fama y prestigio a costa de lo que fuera.
Si en algún lugar se quisiera levantar un monumento a la crueldad, avaricia y mezquindad, debería ser levantado en nuestro país, y en él inscribir los nombres de los conquistadores, como muestra de la maldad humana, de la explotación del hombre por el hombre mismo, porque la conquista no es otra cosa que la historia de la ambición de la Corona española de esa época.
No es válido afirmar que solamente Nuño fue cruel e inhumano; deberíamos afirmar que todos los conquistadores fueron crueles e inhumanos, pero como hemos mencionado, el pleito entre Nuño y Cortés le ganó a Nuño varios enemigos, y el padre Tello fue uno de ellos, aún sin haberse conocido. Bastaría citar el capítulo 36 de la obra mencionada de Tello y veremos que aun el mismo padre reconoce que había un pleito entre Cortés y Nuño, pero siempre atacando a Nuño y defendiendo a Cortés.
“Siempre Nuño de Guzmán llevó la intención de irse arrimando (ir ganando) lo que había descubierto y ganado Francisco Cortés, para así meterlo a su conquista, porque le parecía que era gente de más policía, vestida y que hablaba la lengua mexicana y muy diferente de la que Oñate había visto hacia los ríos de la Caxcana y de Tzacatecas; y así tomó por ocasión para hacerlo y dar un color a ello el que no había iglesias, ni doctrinas, ni indios adoctrinados, y los provocaba para que se alzasen y se holgaba de que se alzaran, huyendo de campo (ejército) tan grueso, de las crueldades que con ellos usaban, para decir y publicar que los halló alzados; y con esta intención comenzó a caminar por el puerto de Malinalco hacia Itztlán y valle de Ahuacatlán (ubicado hoy en el estado de Nayarit), y teniendo noticia los indios de Itztlán de que su encomendero Alonso López venía allí, le enviaron a un principal para que le diese la bienvenida y que le dijese que se holgaban mucho todos los de su pueblo de Itztlán de que viniese con aquel bravo capitán, porque les habían dicho que era muy cruel y que su gente no era como la gente de Cortés y que, pues ya que él venía con este capitán, le pedían que le rogase a Nuño que no los maltratasen ni les quemasen sus pueblos; y habiendo ido el encomendero Alonso López, fue con el gobernador y le dijo que, pues su señoría iba a su pueblo y valle de Ahuacatlán, le suplicaba que mandase a los capitanes, tanto indígenas como españoles, que no asolasen su provincia, porque los indios estaban temerosos.”
Sigue narrando Tello en este mismo capítulo cómo Nuño se quedó más de cuatro días para que sus amigos indígenas les robaran con el pretexto de que no les daban la suficiente comida, pero realmente lo que quería Nuño era provocarlos para que se alzasen. Así pues, el encomendero fue a quejarse con Nuño por los robos de que era objeto su provincia, pues era su encomienda; entonces Nuño le preguntó por qué era su encomienda. A lo que contestó Alonso López que el Marqués del Valle así lo había dispuesto para compensarle por los muchos sacrificios que había hecho en beneficio de la Corona, a lo que Nuño de Guzmán le refutó diciéndole textualmente lo siguiente:
“Entonces Guzmán le mandó que no le fuese a decir nada, aunque se hundiese toda su provincia.”
Y así se fue Alonso López a su cuartel, y a todos los presentes les pareció mal la respuesta del gobernador Nuño de Guzmán. Continúa Tello narrando cómo se levantó en armas este pueblo y cómo fue sometido e incendiado por Nuño, corriéndose la voz de este suceso funesto, alzándose el valle de Ahuacatlán y varios pueblos más, donde casi todos tenían encomendero por órdenes del Marqués del Valle Hernán Cortés.
Con todo lo que hemos hablado de los conquistadores, podemos entender mejor los actos y desmanes de Nuño; tal parece que la rivalidad entre Cortés y Nuño venía de una sola motivación: ser el único en estas tierras, dicho en otras palabras, el dueño y amo de todo el territorio hasta entonces conquistado. Como gobernador de Pánuco y presidente de la Primera Audiencia, había cometido todo tipo de desmanes, injusticias y atropellos; no se concretó a perjudicar a los indios, sino que el abuso de su autoridad lo extendió en contra de los bienes y amigos de Cortés, quien se encontraba en España justificándose de los cargos que se le hacían y, al mismo tiempo, solicitando recompensas por los servicios prestados.

